TIRO A GOL
| Selección de Panamá. FOTO/Fepafut |
Campo Elías Estrada
cestradacampo@gmail.com
Thomas Christiansen reconoció, posterior a la derrota con México (0-1) en el Rommel Fernández, que de antemano sabía que sería un partido difícil, para sufrir, y por eso estimó que el delantero Kadir Barría estaría solo entre los defensas aztecas. Tal cual como sucedió la noche de este jueves 22 de enero.
Ante este diagnóstico de Christiansen y con un plantel alterno, sin las figuras reconocidas internacionalmente, para el entrenador fue valedero lo que se vio en la cancha, frente a un rival que ya lo ha superado en siete de las ocho veces que lo ha enfrentado entre partidos oficiales y amistosos. De allí el respeto que le profesó el entrenador panameño al equipo visitante, que igual presentó un plantel alterno sin las figuras reconocidas en el exterior.
Por eso, este amistoso me pareció más a un juego de entrenamiento para México, que será uno de los tres anfitriones en la Copa del Mundo de este año, que para los panameños. Con 11 jugadores atacando y 11 defendiendo.
Al final, lo que importó para el entrenador europeo fue el comportamiento de sus jugadores en la cancha, como lo reconoció y lo aplaudió en la conferencia de prensa, frente a un rival que se adueñó del balón, que mandó en el terreno, que siempre merodeó el área chica de su rival, que fue superior, aunque sin ser contudente, y que de los dos fue el único que pensó y jugó para ganar el partido.
La intención, de acuerdo al entrenador europeo, era tener el balón, pero al no poder hacerlo, resaltó el comportamiento de sus dirigidos, que tuvieron licencia para defender, jugándole de tú a tú a los mexicanos, como resaltó el danés, en una frase que se ha convertido de consuelo en cada derrota con México.
Salvo en el final del amistoso, entre los 80 y 90 minutos, con un par de escaramuzas, Panamá sacó del bostezo a su afición con llegadas aisladas, hasta que en los minutos de reposición llegó el autogol de Peralta, en una incursión mexicana en el área chica rival, en donde había nueve panameños defendiendo, como fue la tónica de este compromiso.
Naturalmente que a la afición no le gustó el comportamiento de Panamá, como a los mexicanos tampoco le gustó el comportamiento de lo suyos, aunque les bastó para cortar una racha de varios partidos en los que no se ganaba con Javier Aguirre. A simple vista, fue un juego tedioso, aburrido, sin gracia, con un equipo atacando y el otro defendiendo, casi que con todo su plantel en su propia área. Hasta el gol del visitante fue poco vistoso. Tal vez fue un juego malo para el espectador panameño, pero no así para el entrenador, que al final es el que ve el partido con otros ojos y otro pensamiento.
El domingo se había empatado (1-1) de visitante a Bolivia, un rival al que ya se volvió costumbre sacarle buenos resultados con el plantel que se lo enfrente. Se lo tiene de hijo. Barría anotó el gol y para una inmensa mayoría ya es el primer convocado de Christiansen para Mundial de este año. Sin embargo, cuatro días después, el jugador del Botafogo pasó sin pena ni gloria frente a los mexicanos, como el resto de sus compañeros. Lo que muestra, que cuando se sale a defender, no hay delantero alguno que valga.
Al final de todo, a mi me quedó la sensación, que tal vez este será un sistema muy parecido al que veremos en la Copa del Mundo del 2026, conociendo la talla de los tres rivales del grupo de Panamá.
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