TIRO A GOL
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La ratificación de Thomas Christiansen como entrenador de Panamá hasta el año 2030 me pareció una decisión oportuna de parte de la Federación Panameña de Fútbol (FEPAFUT), pensando en lo cerca de la primera participación de Panamá en la Nations League de la CONCACAF, en el cambio generacional de jugadores con el equipo mayor y en la restructuración que se piensa hacer con las divisiones menores, entre otros proyectos.
El danés era la persona indicada por tener ya un amplio conocimiento del fútbol panameño, en vez de pensar en traer a un entrenador con más pergaminos y que viniera apenas a conocer la idiosincrasia del balompié nacional. En ese aspecto fue acertada la decisión. Ahora, si no se dan los resultados en la Nations League del mes noviembre, en el que Panamá fue finalista de la última edición que se perdió ante México, le recuerdo a sus detractores, que existe una rescisión en el contrato, como lo manifestó Manuel Arias, presidente de la FEPAFUT.
En caso de no repetir en otra final de la Nations League, o de acceder y perderla de nuevo, allí entraríamos a darnos cuenta si la FEPAFUT le está exigiendo títulos al técnico como se lo reclaman por las redes y en los medios, o si se va a respetar su proceso como entrenador jefe de todo lo que se tiene planificado, pensando prioritariamente en clasificar a la próxima Copa del Mundo 2030.
No se puede desconocer, que Thomas Christiansen terminó siendo visto por muchos como el malo de la película después de la participación de Panamá en la Copa de Mundo 2026, porque la idea que se vendió era que la selección podía llegar, por lo menos, hasta los dieciseisavos de final, de allí la decepción y amargura entre un sector del público que todavía no lo ha terminado de digerir.
Yo nunca estuve en esa corriente. Desde el sorteo del mundial escribí por este mismo medio y siempre lo sostuve, que Panamá era la ocupante del cuarto lugar por lo difícil del grupo, en el que sus tres rivales eran superiores, incluyendo Ghana, que no había ganado en sus amistosos de preparación para el mundial. Pero que existía una oportunidad de pelear el tercer puesto por la norma que daba el evento, en que los ocho mejores terceros podrían colarse a la otra fase.
El resto es historia. Pero siempre me quedó en la cabeza, que el primer partido contra Ghana lo perdieron los jugadores más que el entrenador, con todos los errores que haya tenido Christiansen como estratega en los cambios y con todo lo que se diga, porque a los jugadores les faltó la maña de barrio. No supieron aguantar los minutos finales ante a un rival que terminó más fuerte que el nuestro, que sumado a la ola de triunfalismo que se vivía en Panamá provocó que los jugadores quisieran hacerse los héroes, pagando caro ese desliz en el último suspiro del partido.
La antipatía que originó entre algunos el nombre de Christiansen fue brutal, cuando para mi, en el plano competitivo, esta ha sido la mejor participación de Panamá en un mundial, incluyendo todas las participaciones de los equipos Sub 20 y Sub 17. Si no se hicieron goles, es porque eso está en el ADN de nuestros jugadores en partidos trascendentales, como un mundial o una final en un torneo de CONCACAF.
Nunca había visto jugar así a Panamá en una Copa del Mundo ni mucho menos ver el temple de un jugador todoterreno como el Fulo Martínez, que me imagino maravilló a propios y extraños. Sus tres derrotas ante selecciones de más envergadura que la nuestra, las vendieron caras y en lo único que los hizo ver menos fue en los resultados, con un entrenador que tiene los mejores números con la selección panameña y que mal o bien los puso en lo más alto del pedestal, pero que la mancha del mundial lo terminó haciendo ver como el villano.
Al final pienso, que en los momentos más apremiantes de los dos primeros partidos, los jugadores no le respondieron a su entrenador con el gol. El equipo manejó los partidos y en algunos tramos de ellos le pasó por encima a Ghana y a Croacia, pero lo lamentable de todo esto, es que nuestros futbolistas no pueden con la presión de la camiseta, que pesa mucho en encuentros trascendentales cuando se juega algo importante, y eso se hace notorio en el momento en que se tiene el marco rival enfrente. Lo hemos visto en todas las selecciones.
Frente a esa experiencia, a Christiansen se le exigen resultados para continuar en la selección, que es algo obvio, pero también se le debe exigir resultados a los jugadores. Todo lo que se viene haciendo desde antes de que llegara el entrenador europeo, no se ha podido consumar en conquistas, en medio de una realidad que nos muestra que a nuestros jugadores les ha quedado grande las dos últimas finales de los torneos de la CONCACAF, principalmente, cuando enfrente tiene a los dos colosos del área. El entrenador ha cumplido con orientarlos llevándolos hasta allí, pero hace falta un resto.
El mal no es solo Christiansen, también son los jugadores. Y, seguramente, lo veremos de nuevo en la próxima Nations League si los jugadores no cambian de chip. Con el entrenador danés la selección genera muchas llegadas, pero la presión en la última jugada de gol que no termina en celebración, ha sido nuestra mayor pesadilla. Hay que buscarle una cura a ese mal.
Ganar un título no es un compromiso únicamente del entrenador, pienso, que el compromiso mayor está entre los jugadores.

Campo Elias….comparto tu análisis
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