TIRO A GOL
Campo Elías Estrada Agreda
cestradacampo@gmail.com
Panamá fue última entre los 32 participantes del Mundial de Rusia 2018, para Catar 2022 no clasificó, pero ahora que está como única representante de Centromérica para la Copa del Mundo 2026, todos la quieren ver en la siguiente fase, incluso hasta esperando que repita lo que hizo Costa Rica en el Mundial del 2014.
Y todo vale cuando se juega una Copa del Mundo, porque soñar está permitido. Si sueñan los países grandes por alcanzar otra copa para su vitrina de trofeos, también tienen derecho de soñar los más chicos como Panamá, por ganar un primer partido en su segunda cita a un Mundial. Nadie está exento de soñar.
Todo ese entusiasmo tampoco es ajeno en el seno del seleccionado nacional. Recientemente, Ismael Díaz sacó ese boxeador que lleva el panameño por dentro a raíz de sus tantos campeones mundiales, cuando señaló, que por todo lo que ha alcanzado Panamá, estaba convencido que se le puede competir a cualquier selección y "no le tememos a nadie".
Sin embargo, dentro de toda esta euforia que ha despertado este primer partido en la Copa del Mundo 2026, los jugadores de la selección tienen que tener los pies sobre la tierra y no dejarse influenciar mentalmente por toda esa corriente de entusiasmo que se vive por las redes sociales entre aficionados, medios, ex jugadores y periodistas.
A diferencia del Mundial del 2018, cuando Panamá le tocó enfrentar primero a Bélgica e Inglaterra y de último a Túnez, en esta Copa del Mundo 2026 le tocó a la inversa, primero enfrenta a Ghana y luego a Croacia e Inglaterra, en dos grupos que igual han sido "de la muerte" para los nuestros y sobre todo este último, que en el papel es más difícil.
La diferencia con este Mundial radica en que el miércoles 17 se comienza con Ghana, un rival de menor categoría comparándolo con los dos europeos. "Más accesible", para decirlo en un término esperanzador. Frente a esa lógica, Panamá aspira a pelear, por lo menos, por el tercer lugar del grupo con los africanos, en un torneo en el que por jugarse por primera vez con 48 países repartidos en 12 grupos, da más opción de clasificar a los terceros lugares, ahora los ocho mejores terceros avanzan a los dieciseisavos de final, donde quedarán los 32 países que seguirán en contienda.
El entusiasmo de ver a Panamá clasificarse aumentó por el hecho de que Ghana no ha ganado en sus últimos amistosos, que tuvo un cambio de entrenador -aunque el que llegó, Quiroz, es de mucha experiencia-, que está más abajo en el ranking que los nuestros 34 por 73 y que recientemente no le dieron visado a un importante jugador ghanés. Todo esto abre las esperanzas para soñar con alcanzar, por lo menos, el primer triunfo en un Mundial.
Hasta allí todo bien. Sin embargo, lo preocupante es que los jugadores, indirectamente, se vayan a meter en toda esa corriente de entusiasmo desmesurado que se vive por las redes sociales y que pierdan la perpectiva de lo que verdaderamente representa este primer partido.
Por todo lo que hay detrás de ese juego con Ghana, este primer partido se presenta como una final para Panamá, así sea el primer juego del grupo. Con un empate o una victoria, la selección estuviera haciendo historia en su segunda participación después de hacer sido la colera en el 2018, pero en caso de un traspiés, la decepción sería enorme frente a las expectativas que se han creado cuando todavía le restaría enfrentar a Croacia e Inglaterra.
En Copas del Mundo, Ghana jugará su quinto torneo, en sus primeras cuatro ediciones este fue su panorama. En el 2006 avanzaron hasta los octavos de final y en el 2010 estuvo a un tris de clasificar a las semifinales. En sus dos últimas apariciones no pasaron de la fase de grupos, pero aún así, no se fueron con las manos vacías. En el 2014 consiguieron un punto pesado de 2-2 frente a Alemania, más adelante campeona de esa Copa del Mundo, y en su última aparición, en el 2022, solo consiguió tres puntos gracias a su victoria sobre Corea del Sur (3-2).
Por eso los jugadores panameños no pueden dejarse abrumar por ese entusiasmo que se maneja por las redes, por el contrario, deben tener la mente clara y quitarse toda esa presión en que hoy se les ha convertido este primer juego, que por la grandeza del torneo, es mucho más que las dos finales juntas de los torneos de Concacaf que se han disputado bajo la dirección de Thomas Christiansen.
Hace poco, cuando Estados Unidos goleó a Paraguay, el entrenador argentino Gustavo Alfaro se lamentó de que sus jugadores hubieran jugado cargados emocionalmente, dejando entrever que eso pudo hacer sido una de las causas de la derrota.
Panamá está en vísperas de afrontar el partido más importante de los 89 en la era de Thomas Christiansen, con un equipo en que algunos jugadores llegaron con mucha carga de trabajo lo que ha provocado que unos cuantos no hayan sido constantes en los últimos entrenamientos y hayan tenido que trabajar aparte, mientras el cuerpo médico trata de recuperar a como de lugar a la estrella del equipo, Adalberto Carrasquilla. Hace ocho años no se tuvo este cuadro de incertidumbre, excepto con el Negrito Quintero, que se descartó antes del Mundial por una lesión en un amistoso.
El miércoles se necesita que los jugadores crean en ellos mismos y se olviden de la aurora de triunfalismo antes del partido, primero tienen que reconocer que Ghana es un rival de respeto, más de lo que fue Túnez hace ocho años, por eso los 11 jugadores que salgan a la cancha y los recambios, tienen que estar al 100 % de sus condiciones. Una vez en la cancha habrá que tener solidaridad, vigilar la espalda y los costados de sus compañeros, tiene que darse mucha concentración, y lo principal, hacer sentir ese sentimiento de boxeador de no arrugarse ante el rival, como lo expresó Ismael Díaz durante una conferencia de prensa. En lo futbolístico, ya es de todos conocido con un grupo que ha formado parte del proceso de Christiansen.
No se puede salir abierto a buscar la victoria pensando en que no le tememos a nadie, hay que ser mesurados, así no se juegue bien, porque Panamá ha tenido malas experiencias cuando sale con mucho ímpetu, allí es fácilmente vulnerable, ha sucedido tanto en la era del Bolillo Gómez como con el mismo Christiansen. El ímpetu de atacar siempre ha estado con este equipo, pero hay que saber moderarlo el miércoles, porque muchas veces lo ha traicionado.
Claro que Panamá tiene las mismas esperanzas que deben estar pensando los africanos, para ganar este primer partido, pero para ello se necesita ser más inteligentes de lo que hasta ahora lo han sido. No estamos en una "copita" de Oro ni en una "liguita" de Naciones, estamos frente al papá de todos los torneos, que son palabras mayores. Afortunadamente el equipo cuenta con la cuota de experiencia de siete jugadores que ya estuvieron en Rusia, aunque para el entrenador sea su debut, diferente a lo de hace ocho años.
Solo se necesita que la selección piense en sí misma, en su realidad de hoy, no en los presentimientos de lo que piensen que pudiera pasar. Este es un partido bravo y Panamá tiene que portarse como tal. Que la bravura no sea solo de temperamento en la cancha, sino de mucha inteligencia en la cabeza.
Suerte a la selección, independientemente de lo que suceda, que todos añoramos sea positivo.
La vida continúa.
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